A veces para reaccionar tiene que pasar algo muy gordo. Y cuando digo gordo me refiero a algo muy gordo. Una muerte cercana, un accidente, una experiencia límite, un dolor de estos que te agarra en el pecho y no te suelta. Lo dicho, algo muy gordo ha de pasar para que nos pongamos las pilas. Y es que vivimos como si fuésemos a estar aquí eternamente, reclamando oportunidades a un destino de dudosa existencia y cuando se nos presentan en frente de los ojos,
Afirmamos que este no es el momento para arriesgarnos y lo dejamos para luego. Y claro, luego nos arrepentimos de que no se nos presenten más oportunidades. Y siempre se nos presentan. Siempre. Todos los días. A cada hora, a cada minuto tenemos un algo delante de nosotros esperando ser agarrado por nuestros dedos. El problema es que la mayoría del tiempo la pasamos llorando, gritando, arrepintiéndonos por cosas que ya no podemos solucionar, y no vemos lo que tenemos delante. No vemos que tenemos delante una vida maravillosa y la estamos dejando pasar, que estamos autoconvencidos de que la vida la viviremos mañana cuando mañana... ¡mañana será tarde!

No hay comentarios:
Publicar un comentario