Hace daño llegar a querer tanto que aunque seas consciente de que pronto toca decir ''adiós'' para siempre, has perdido el control sobre tus sentimientos y por muy mentalizado que estés, las despedidas te arrancan de cuajo una parte de tu corazón.
Siempre te quedará el recuerdo, y a pesar de todo, sabes que mereció la pena cuando mires atrás y sonrías. Porque las lágrimas no siempre son de tristeza, sino también de alegría :)
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